
Nueve personas mueren a causa de la violencia (sic).
La Violencia como todos los días en este año electoral arremetió contra los guatemaltecos principalmente del área urbana. A pesar de las súplicas, oraciones, lamentos, diezmos y ayunos que la comunidad religiosa ofrendó, no fue posible evitar que La Violencia cobrara su dosis diaria de sangre. Según quejas de algunos vecinos, Dios parece hacer oídos sordos a la situación agonizante del país. Por tal razón, varias iglesias tomaron medidas de hecho. A partir de ayer, y hasta que pare de llorar sangre, en todos los cultos subirán cada día un poco más los decibeles de sus bocinas con el sencillo afán de hacerse escuchar a las buenas o a las malas por el señor que vive en las alturas. Los católicos por su parte han prometido detener el tránsito en las calles, avenidas y carreteras de todo el país, llevando en andas a influyentes y milagrosos personajes del santoral. Otro grupo asegura que asistirá a vigilias en las playas en busca de meditación y auto iluminación ya que aseguran que Dios sabe lo que hace, y que contra sus poderosos designios no hay nada que hacer (más que pasarla bien).
En colonias, barrios y aldeas se abastecen de pistolas, machetes, palos, bates, fusiles, manoplas y ametralladoras para hacerle frente a La Violencia que los tiene de rodillas. Varias universidades abrieron licenciaturas y postgrados para estudiar y entender La Violencia. Los legisladores calcan la ley antitabaco (aprendiendo de lo exitoso) para aprobar, lo antes posible, un acuerdo legislativo que le prohíba por fin a La Violencia cualquier tipo de manifestación pública. Fuentes con miedo a represalias, aseguran que La Violencia tiene cómplices entre muchos guatemaltecos, que la esconden dentro de sus casas o la exhiben hasta en las redes sociales con su amiga La Impunidad.
Si se topa con La Violencia por ahí, póngale la mano a La Conciencia y apele a la señora Humanidad.

