jueves, 7 de febrero de 2013

Cáncer

La sola mención de la enfermedad da escalofríos. Nadie quiere ser diagnosticado con cáncer, nadie quiere tener familiares con cáncer. Pero casi toda la gente que conozco, tiene un ser amado con esa enfermedad o que murió debido a ella. El cáncer trabaja durante meses, días y años en silencio, hasta que un día se hace evidente, un día que generalmente es demasiado tarde para tratarlo. Cada año 10 mil guatemaltecos se suman a la lista de enfermos con cáncer. ¿Cuántos de ellos podrán ser tratados adecuadamente por el sistema de salud nacional? ¿Cuántos morirán por no tener acceso a la salud gratuita? Solo quien tiene un familiar con esta enfermedad, sabe lo terrible que es en el seno de una familia una noticia de esta naturaleza. Nadie es inmune al cáncer. Ricos, pobres, viciosos o sanos. Se puede dejar de fumar, de beber, de comer chatarra, pero eso no es vacuna contra la enfermedad. La enfermedad simplemente llega para cambiarlo todo. En mi familia, el cáncer llegó de un día para otro a instalarse en nuestras conversaciones, comidas y pensamientos. Está latente en mi sangre y en la de mi familia. Se encuentra en el centro de mi vida. No hay manera de mantenerlo alejado. Pero aun así, el cáncer me ha puesto los pies en la tierra, me ha abofeteado y me ha dado la oportunidad de saber que la vida es un milagro y que hay que luchar por ella. Cada día de vida de una persona con cáncer es ganancia, es felicidad, es para agradecer. No hay cura para el cáncer, pero el amor sí que puede ayudar a una persona con esta enfermedad a hacer de su vida algo más placentero. Una persona que se sienta amada luchará con más fuerza por la vida. Es lo único que puedo decir al respecto.

1 comentario:

ixmucane dijo...

Hasta ahora estoy leyendo tu post Lucía. Tienes razón, el cariño ayuda mucho. Un abrazo para ti y tu familia en estos momentos.