miércoles 22 de febrero de 2012

No nos pueden callar

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No estoy de acuerdo con la gente que piensa que debemos dejar de
protestar. Al contrario, deberíamos protestar más, indignarnos de
verdad, levantarnos para exigir y construir. Me encanta esa generación
de chavitos que se solidarizan con quienes no tienen techo. Me da
esperanza escuchar a jóvenes de mente abierta que apoyan las causas
sociales y trabajan para cambiar Guate. Estoy convencida de que los
humanos aprendemos más fácilmente a través de sentimientos que
impactan nuestra psiquis que en la repetición de conocimientos
absurdos. Pienso que el arte y la cultura son canales de comunicación
entre guatemaltecos capaces de cambiar mentalidades y generar una
identidad común, tan necesaria para reconocernos como hermanos. Sin
embargo, este paisito que solo sobresale positivamente por sus
artistas, deportistas e intelectuales, es incapaz de reconocer y
apoyar esa invaluable fuente de energía y conocimiento que da el arte.
¿Qué pensar de los 700 millones de quetzales que supuestamente fueron
desfalcados del Ministerio de Cultura y Deportes? Noticia que sale a
luz, al mismo tiempo que la decisión del Congreso de la República de
sacar a Guatemala del Programa Ibermedia que significaba un gran
empujón para el cine en el país. ¿Por qué sigue engavetada la Ley del
Cine? ¿Por qué amenazan con cerrar espacios de arte como el Centro
Intercultural y Deportivo de Quetzaltenango? Puede alguien explicar a
las autoridades correspondientes que el conocimiento y el arte son
alimentos para el alma, medicina para la sociedad y un derecho humano,
tan importante como cualquier otro.

(Lucha Libre publicada en elPeriódico el miércoles 22 de febrero del 2012).

martes 14 de febrero de 2012

Sin pena

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Me sorprendió la iniciativa de Pérez Molina de poner en la mesa de discusión el tema de la despenalización de las drogas. No me sorprendió para nada la intolerancia del gobierno de Estados Unidos ante la idea. Me decepcionó que Funes marcara posición pro gringos tan rápido. A veces peco de ingenua y olvido que el negocio del combate a las drogas absorbe gran parte del presupuesto del Tío Sam. Se juega tanto dinero de por medio que mi imaginación no procesa esas cifras. Ya sabemos que en el Norte les gusta jugar con armas, presumen de la libertad que tienen para comprar y disparar desde venados hasta ilegales. Cazan pecadores como deporte nacional. Pienso que ningún ser humano debería ser considerado ilegal, así como ninguna planta. Lástima que nunca es como yo quiero. Los dólares mandan y se empeñan en querer sangre y en apostar siempre por la prohibición y nunca por el conocimiento o la libertad. Podría referirme a estudios que apoyan la idea de que despenalizar el consumo de algunas drogas baja el índice de violencia o mencionar cifras de gasto en el combate o número de muertos que deja el narco negocio. Pero a estas alturas creo que ya no se trata de convencer a los que temen que las llamas del infierno de la drogadicción consuman a nuestras juventudes, sino de esperar el santo permiso del imperio de la coca, Coca-cola. Mientras tanto aquí, como en Nueva York, en Zimbawe y en cada rincón habitable, las personas seguirán consumiendo drogas naturales o sintéticas, ilegales o con receta médica, puras o adulteradas, por los siglos de los siglos.