martes, 10 de agosto de 2010

Cerdos y diamantes

¿Cabe en la ignorancia la inocencia? La complicidad puede adquirir las formas más elegantes para empedrar los caminos hacia el infierno. ¿Escapará la negra más guapa de las pasarelas, del escándalo atrás de los diamantes manchados de sangre que aceptó del ex presidente de Liberia, hoy acusado de crímenes de lesa humanidad? El consumo de ciertos productos nos hace socios y cómplices. ¿Somos conscientes cuando compramos algo, del origen de ese algo, de la historia de ese objeto, si es parte del mecanismo de muerte y destrucción que tanto criticamos?

No hay inocentes. Ejecución extrajudicial. A mí personalmente sí me dan mucho asco los asesinos, incluso los asesinos de los asesinos. Pavón, debería de ser un caso paradigmático de justicia ante la violencia de Estado. Lo que ahí paso fue una cerdada. Eso del ojo por ojo nos tiene ciegos. Tantos ejércitos de la muerte me paran los pelos y no quiero pagarles con mis impuestos. Preferiría que estos se fueran para impulsar el arte.
Y aunque la UNESCO afirme que el aporte de la cultura indígena al Producto Interno Bruto es de 7.26 por ciento (un poco más que el aporte azucarero) los dirigentes de este país, no saben ver el diamante en bruto que podría relucir al apoyar un poco más al arte, la cultura y la diversidad que abundan en chapinlandia. Vean el estado paúperrimo en que sobreviven las escuelas artísticas en Guatemala, el engaño sistemático al artista nacional, el abandono de las casas de la cultura, de los maestros, de los músicos, el poco apoyo a las cofradías, etc.

Y sin embargo, los artistas nos confieren dignidad internacional, el arte nos humaniza y hace la vida más llevadera. La diversidad cultural es un tesoro que vale más que mil diamantes, aunque los cerdos no lo entiendan.

(Lucha Libre publicada el 11 de agosto del 2010 en elPeriódico).



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Anoche soñé que Lucía Escobar había comprado una marimba

Lucha dijo...

¿Una marimba del infierno?

Anónimo dijo...

Mmmm, no sé dónde la compraba, pero sí que estaba orgullosa de su marimba. Curioso que yo no la conozco, pero era usted.
Quizás porque soy marimbista y leo su blog.