martes, 9 de noviembre de 2010

En sí mismo

(Fotaza de Carla Molina)

Llegará el día que se me olvidarán todos los passwords. Se mezclarán los años con los meses y los días; los nombres de mi gente serán una maraña compuesta de sonidos con dulce gusto a nostalgia. Será cuando la neolengua de la que hablaba George Orwell haya reducido mi capacidad de pensamiento y dé igual estar solo que sólo. La tilde como vestigio de lo que antes se acentuaba. La RAE jugando al dadá.
Pero parafraseando a Sabina, aún no ha nacido el pino del que estará hecha mi caja.
No es 1984 ni un Mundo Feliz, es la Guatemala que se precipita a un 2012 demasiado publicitado y poco comprendido. Un país polarizado más que nunca en sus desigualdades, tremendamente violento y temeroso de un Dios y una justicia que se lleva mejor con los pudientes que con los descalzos.
Pueblos y barrios que se vuelven trincheras, jaulas de oro, condominios como cárceles, hombres que a falta de trabajo y en la paranoia del miedo, se arman, se esconden en el anonimato colectivo y se erigen guardianes cavernícolas de la moral y las buenas costumbres. Mujeres que se visten de miedo y trabajo para no pensar. Y en el macro, los pronósticos pre electorales vienen ya chorreando sangre, oliendo a tranza consumada y a pueblo vencido. Me cuesta creer que exista un proyecto político que dé un giro positivo a este sistema corrupto y maleado.
Pero por otro lado, he visto el milagro atrás de ciertos espíritus libres y enteros, rebeldes eternos que cuando no mueren o son encarcelados contagian como poseídos de polvo de hada con su luz y energía. Como la ola cuando crece y cae con fuerza chocando en la arena, su presencia es capaz de crear ese caldo de cultivo universal de donde nace la vida. Que si es propia se ve mejor con mayúscula. La Vida como fin en sí mismo.

(La Lucha libre publicada en el Periódico el miércoles 10 de noviembre del 2010)

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