martes, 17 de junio de 2008

De Papacitos

Decía, el otro día, un doctor que “la naturaleza es tan sabia que puso a parir a las mujeres porque si de los hombres dependiera, la especie se hubiera acabado hace tiempo”. Lo que es cierto, pero no debería ser una excusa para que los machos humanos se laven las manos con la crianza de los niños.
Y no solo es que pierda la madre, que sola le toca atender y hacer crecer un humanito, pierde también el hombre que no conoce lo que es el amor de un niño y la importancia de hacerlo reír y verlo crecer. Como también pierde -y mucho- un niño o niña sin la presencia de una figura paterna a su lado que complemente la enseñanza de la madre. Y hasta la sociedad pierde, pues abundan personas cojas en una parte tan importante de la psiquis.
Así que, una vez expulsado un niño del vientre de su madre, es responsabilidad también del padre que ese pequeño crezca con el debido amor y respeto hacia su naturaleza primeriza. Los hombres ganan muchísimo cuando se dejan seducir por la inocencia de los hijos y dejan a un lado las preocupaciones de la vida adulta para sentarse en el suelo a retozar con los pequeños, a sentir su alegría y gana de vivir cosquillar con la realidad. Les da la oportunidad de volver a ser niños para sentir cómo es el mundo nuevecito con todo por venir.
Y claro que hay buenos padres. Tengo la suerte de haber crecido con uno de esos seres excepcionales, capaces de romper los moldes sociales para demostrar que dar amor y cariño a sus hijas no es signo de debilidad, sino lo contrario, de una fortaleza de hierro. Mi padre es un hombre que aprendió a respetar el destino que cada una de sus hijas decidió llevar, aunque para él no fuera el adecuado ni el que se merecían. Y ni por eso nos ha dejado de ayudar e intentar aconsejar en cada una de las etapas de nuestra vida. Es un hombre que habría que clonar para mejorar esta sociedad.
Así que, hombres del mundo, amen a sus hijos; pero, sobre todo, respétenlos y guíenlos, pero con mucho amor. Hay que dejar atrás la violencia, los gritos y el enojo como signo de dominación masculina.
El amor es más fuerte, dice una canción que me gusta. ¡Feliz Día del Padre!
(Lucha Diaria publicada el 17 de junio del 2008 en elQuetzalteco)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Está columna está dedicada a mí (no me rompás la ilusión).
Gracias, gracias, gracias.

Leon dijo...

Shi, shiii...