Con la idea de alimentar mi memoria histórica he vuelto a ver Ensueños Blindados de la trilogía documental de Mikael Wahlforss. Es un retrato muy crudo de la “alta sociedad” guatemalteca en la coyuntura del golpe de Estado de Efraín Ríos Montt en marzo de 1982. Ahí vemos al general, ahora retirado, robando cámara, arrebatado y exaltado, proclamándose amo y señor de Guatemala. Discurso de Cantinflas, bigote hitleriano y Biblia en mano, gran orador forjado en el pastoreo evangélico y en la rudeza militar. Parece una mala pesadilla cuando graznando dice: “Vamos a matar pero no a asesinar”. Nadie diría que es el mismo viejito astuto pero asustado que acapara las portadas de los periódicos. El mismo militar que hablaba del pecado de robar pero que hoy cuenta con la suficiente capacidad económica para poder pagar medio millón de quetzales en efectivo y así irse a dormir tranquilo a su casa. ¿Dormir tranquilo? ¿Qué sentirá cuando transita la película de su vida frente a él? ¿Cómo justifica su indiferencia ante el dolor humano? ¿Qué opina de los testimonios de aquellos niños sobrevivientes a las masacres? ¿Podía el fin de acabar con el comunismo justificar que los medios para lograrlo fueran violar, torturar y masacrar a la población civil? ¿Pasar a la historia como genocida era lo único que podía hacer? Coincido con Juan Luis Font que si Ríos Montt tuviera el valor de hablar, contribuiría como nunca antes en la historia del mundo, a entender uno de los capítulos más terribles de nuestra violenta historia. Pero parece que le comieron la lengua los ratones.
PD:Foto "prestada" de http://www.jorgecabrera.com
PD2: Lucha LIbre publicada en elPeriódico del miércoles 31 de enero del 2012.