martes, 20 de mayo de 2008

Domingo sin domingo

Sombrero de paja, camisa vieja, pero sin hoyos; taparrabos de lana, pantalón de colores vivos, caites que dejan ver sus pies golpeados por los caminos. Con la mano izquierda, Domingo toma un puñado de semillas de la bolsa, dice una oración en kaqchikel y las deposita con sabiduría en la fresca tierra, previamente labrada por él. Ya está viejo Domingo y no escucha casi nada. Mis oídos ya no sirven, dice pausando cada palabra.
En esta vida, solo el machete lo ha acompañado siempre, es su fuente de trabajo, el instrumento con que da de comer a sus hijos y que le permite echarse sus tragos de vez en cuando. Con él, igual desmonta un terreno baldío o abre una zanja para compost. A veces pide permiso de la casa donde cuida el jardín para subir a Sololá a ver lo de su pago, algo así como la carta del coronel que nadie le escribe; la promesa del cheque por el tiempo que anduvo con las Patrullas de Autodefensa Civil, cuando tuvo que armarse y hacer rondas contra la guerrilla.
Ya rascando los 80 años de vida, Domingo trabaja bajo el sol intenso cada uno de los días de la semana; sabe bien que el día que no trabaja no hay paga. Apenas le alcanza el tiempo para cosechar su milpa. Aunque ya está acostumbrado a esa situación. Su mujer actual, 40 y pico años más joven que él, no perdona el gasto. Ni modo, si los niños siempre comen; todos los días se lava ropa y siempre hay algún imprevisto qué resolver con dinero. Cada vez, las peleas con su joven mujer son más frecuentes. “Ya no quiere acostarse conmigo”, dice Domingo; aunque en realidad lo que ella ya no quiere son hijos que alimentar. Pero aquello de los métodos anticonceptivos no entra dentro de sus reducidos bolsillos.
El otro día, Domingo se tropezó y se cayó, quizá borracho. Iba bajando uno de aquellos callejones estrechos que por la montaña lo llevan a la aldea donde vive. Se golpeó la cabeza, tenía sangre en su sombrero viejo y una mirada un poco más ausente. No pudo faltar al trabajo, porque si no trabaja no gana. Y cuando se vive al día al día es casi imposible ahorrar para el médico o la pomada. Domingo sin domingo ¿cuánto más aguanta tu espalda de campesino pobre?


(Lucha Diaria publicada en el Quetzalteco el 20 de mayo del 2008)

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