miércoles, 20 de agosto de 2008

La niña x


No es un fenómeno atmosférico, tampoco es la niña de mis ojos. Menos, aquella que se murió de amor; su destino no es nada romántico. Tendrá unos 10 años, quizá 12 mal nutridos. Nuestras vidas se cruzaron sólo un momento. Compartimos el asiento en la camioneta, diez minutos de trayecto en bajada. La niña me mira con asombro: es como un cervatillo asustado, lejos de su madre, dos filas adelante. Habla sólo kaqchikel, despacio y callado. Su pelo negro y largo, amarrado con una cola de dos bolas; su cuerpo menudo, frágil, lleno de temblores y miedo, envuelto en un güipil descolorido. De mochila lleva un sute con un diminuto bebé de carne y hueso, pegado a su cuerpo. Imaginemos que no es su hijo, que es sólo su hermanito. Pero no podemos asegurarlo. Para el efecto, da igual, ella es la responsable.Percibo el inmenso amor que la niña tiene hacia esa personita, la manera suave con que lo protege de los cambios bruscos de velocidad que el piloto salvaje de esta máquina de la muerte nos infringe a todos. Veo sus manos pequeñas y fuertes, ásperas y amorosas, ágiles para detenerse del tubo del asiento en equilibrio perfecto para no caer. Sus tobillos flacos y sus pies de caite plástico, aguantan sin rabia los machucones abusivos del cobrador. Los ojos de esa niña son como una pantalla de cine. En ellos se reflejan todos los sentimientos del mundo. Saltan de gozo cuando pasamos frente a la escuela y se oscurecen cuando frenamos ante el hospital. Brillan cuando comprueba que el bulto a su lado duerme, y se llenan de humo cuando un vendedor la avienta con su canasto. Llegamos al fin a su parada. De un brinco ya está de pie, baja corriendo antes que el salvaje arranque y la deja en el aire. Se va caminando despacio, pegadita al cuerpo de su madre, lejos de mi vida.

(La lucha libre publicada el miércoles 20 de agosto del 2008)

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Lucía por utilizar su lente de gran sensibilidad humana para describirnos este episodio.
Ricardo Berganza

Hugo Fajardo Rivas dijo...

me hicistes chillar con tu cuento del bus,,que mierda que nos es cuento es realidad,,,mas que mi hijo camilo nacio hace diez dias , tengo el sentimiento a flor de piel ,

cuidate loca

Estuardo Lira dijo...

me hiciste llorar...

con esta columna describis mucho de la niñez de Guatemala incluidas las condiciones sociales...

una vez me dijo una amiga de Nicaragua: "Los niños de Guatemala tienen la mirada tierna y dulce"... pero esta columna dice mucho mas que eso... esta para enmarcar...

Lucha dijo...

Ala.. gran... de verdad lloraron los dos? ha de ser que el Estuardo también acaba de ser papá.. y se puso sensible.

Leon dijo...

Ah la puutaaa...

Tania Preza dijo...

Gracias Lucha luchona por siempre decir lo que ves, por sentir lo sentis y por denunciar lo que hay que denunciar, quien mas? sos valiente, tu aura luminosa llega hasta a mi con tui amistad y amor al projimo, me parece que somos hermanas en esta lucha de la compasion.
Un abrazo fuerte,
Tu amiga,

Tania Preza

Juan Pensamiento dijo...

Yo no he dejado de creer en ese ser a quien llamo Dios, precisamente por que los ojos y la sonrisa de la gente me siguen contando que están llenos "de todos los sentimientos del mundo". Cuando una niña como la que describe sonríe, ¿cómo no va a haber algo más grande detrás de esa sonrisa? ¿Cómo no va a sonreir uno también? Un abrazo, Lucía.

Anónimo dijo...

Ingenuos ladinos

Javier dijo...

Como duele maldita sea, como duele que historias como esta no sean sucesos aislados sino la jodida realidad de tantos guatemaltecos, será que debemos perder finalmente la esperanza? Ojalá no...