Desde el momento en que nacemos mujeres empezamos a sufrir una serie de violencias que van desde las psicológicas hasta las físicas. Nuestros padres son los primeros, cuando sin consultarnos, nos hacen nuestro primer “piercing” en las orejas, tradición que trae implícito el mandato la coquetería. Nos enfundan en el aburrido color rosado. E irónicamente nos llaman princesas y reinas, aunque muchas mujeres dedicarán su vida a servir a los otros ya sea como empleadas domésticas, amas de casas o esclavas de sus maridos, hermanos y padres. Muchas se volverán especialistas en limpiar la mierda ajena y en la mayoría de casos, gratuitamente. A la hora de ir a la escuela, se les dará prioridad a los hermanos hombres, a pocas de nosotras nos darán permiso de hacer deporte, de correr libremente, de salir de casa sin pedir permiso, de ser dueñas de nuestro propio destino. Al llegar la adolescencia, las mujeres vivimos una esquizofrenia social, una doble moral. Por una lado, nos invitan a ser sexys y guapas y y por el otro lado debemos guardar el recato, el “honor y la pureza”. Utilizan nuestro cuerpo como objeto sexual y de placer pero nos niegan el derecho a tomar las medidas que consideramos necesarias para protegernos. Podría seguir durante días sin acabar, pero lo cierto es que son tiempos de cambios. Las mujeres estamos rompiendo estereotipos y prejuicios. Ya no queremos ser princesas viviendo fantasías y cuentos, queremos hacer historia, como las mujeres que llenan las páginas de “Nosotras, las de la historia, Mujeres en Guatemala (Siglos XIX- XXI)”, un libro extraordinario para conmemorar el Día de la No Violencia contra la mujer.
miércoles 23 de noviembre de 2011
De cuentos y princesas
Desde el momento en que nacemos mujeres empezamos a sufrir una serie de violencias que van desde las psicológicas hasta las físicas. Nuestros padres son los primeros, cuando sin consultarnos, nos hacen nuestro primer “piercing” en las orejas, tradición que trae implícito el mandato la coquetería. Nos enfundan en el aburrido color rosado. E irónicamente nos llaman princesas y reinas, aunque muchas mujeres dedicarán su vida a servir a los otros ya sea como empleadas domésticas, amas de casas o esclavas de sus maridos, hermanos y padres. Muchas se volverán especialistas en limpiar la mierda ajena y en la mayoría de casos, gratuitamente. A la hora de ir a la escuela, se les dará prioridad a los hermanos hombres, a pocas de nosotras nos darán permiso de hacer deporte, de correr libremente, de salir de casa sin pedir permiso, de ser dueñas de nuestro propio destino. Al llegar la adolescencia, las mujeres vivimos una esquizofrenia social, una doble moral. Por una lado, nos invitan a ser sexys y guapas y y por el otro lado debemos guardar el recato, el “honor y la pureza”. Utilizan nuestro cuerpo como objeto sexual y de placer pero nos niegan el derecho a tomar las medidas que consideramos necesarias para protegernos. Podría seguir durante días sin acabar, pero lo cierto es que son tiempos de cambios. Las mujeres estamos rompiendo estereotipos y prejuicios. Ya no queremos ser princesas viviendo fantasías y cuentos, queremos hacer historia, como las mujeres que llenan las páginas de “Nosotras, las de la historia, Mujeres en Guatemala (Siglos XIX- XXI)”, un libro extraordinario para conmemorar el Día de la No Violencia contra la mujer.
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2 comentarios:
Me encanto ... tengo 44a ... tuve la dicha que mi padre siempre me decia cuando era pequena : usted puede hacer todo lo que hace un hombre - menos una cosa - orinar parada !
slds
Genial Lucía.
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